La apicultura o el cultivo de abejas es una actividad agropecuaria orientada a la crianza de abejas (del género Apis) y a prestarles los cuidados necesarios con el objeto de obtener los productos que son capaces de elaborar y recolectar con el fin de satisfacer las necesidades que el hombre tiene de estos.
El principal producto que obtiene el hombre en esta actividad es la miel. Un beneficio indirecto producto de la actividad de pecoreo que realizan las abejas corresponde a la polinización que realizan estos insectos.
Historia de la apicultura
En las pinturas rupestres del mesolítico presentes en la Cueva de la Araña, en Bicorp, hay escenas de la recolección de la miel, si bien es difícil determinar su origen, se calcula que estas pinturas podrían tener entre 7.000 y 8.000 años de antigüedad. En el Mesolítico 10.000 a 5.000 años adC, el hombre comienza la recolección de miel de colmenas silvestres y en el Neolítico cuando aprendió a controlar las abejas y enjambres.
Existen datos históricos que señalan la existencia de prácticas apícolas en el periodo predinástico de Egipto, trasladando sus colmenas en embarcaciones a lo largo del río Nilo. Hay papiros que datan del año 2400 adC donde podemos observar la práctica.
Durante muchos siglos los apicultores gozaron de gran prestigio, las diferentes culturas desde el Antiguo Egipto valoraban esta ocupación, ya que proveía el único edulcorante, la miel, conocido hasta la edad media cuando, tras el descubrimiento de América, se difundió la caña de azúcar y la remolacha azucarera.
Los griegos, que fundan Éfeso en el año 1100-1000 adC en el Asia menor en la Anatolia hoy Turquía, veneraron la apicultura dado que la Diosa Artemisa después Diana para los romanos era representada en las monedas con el cuño de una abeja en los años 480 adC. En la Tracia también fue muy común acuñar monedas con una abeja. Los romanos, también practicaron la apicultura y en general heredaron las prácticas helénicas e hicieron de ellas un objeto de culto. Los poetas geórgicos dedicaron obras a la descripción de los instintos, costumbres, inteligencia de las abejas y a la explotación racional de estos animales que nunca dejaron de sorprenderlos. En general, siempre en los relatos de las sociedades más avanzadas de todas las épocas, se han encontrado vestigios del conocimiento de las abejas y de la explotación racional de la miel y la cera.
La apicultura alcanzó su apogeo cuando el único elemento conocido para endulzar los alimentos era la miel. Esto cambio después del descubrimiento de América y consecuentemente de la caña de azúcar, y la importancia de la apicultura decreció sensiblemente. Sin embargo su práctica no se interrumpió en ningún momento.
La apicultura moderna comienza con la creación de los panales y los cuadros móviles, en virtud que no destruyen los mismos al realizar la cosecha de miel, las hojas de cera estampada y los extractores mecánicos, alcanzando su apogeo a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX gracias a los trabajos de estudiosos como Arturo Wulfrath Brockhoff, Huber, Dzierzon, Quimby, Langstroth, Hermano Adán, Fabre, Hoffman, Miller, Alley, Doolittle, De Hruschka, Mehring, Root, Munn, Miner, Harbison, Wolf, Phillips, Smith, Dadant, Fabre y Farrar.
Merece especial mención Artur Wulfrath B., quien estableció la mayor empresa apícola del Mundo llamada Miel Carlota S.A. en la Ciudad de Cuernavaca, Morelos.
Productos de la apicultura
Varios son los productos que se obtienen del infatigable trabajo de las abejas.Los productos tradicionales extraídos de las colmenas han sido la miel y la cera.
Antiguamente, el papel que desempeñó la cera fue quizás mayor al de la miel, debido a su uso en la fabricación de candiles o velas de cera y otras importantes aplicaciones, como la impermeabilización de maderas, cuerdas, cueros, telas, etc.
Con el desarrollo de nuevas técnicas de conservación, manipulación y mecanismos para su recolección también se ha comenzado a colectar el polen, propóleo, jalea real y veneno de abejas (apitoxina).
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LA APICULTURA
En nuestro entorno rural podemos observar multitud de árboles y de plantas que en determinadas épocas del año se cubren de flores, que son la principal fuente de aprovisionamiento de néctar por las abejas, aunque en ocasiones lo recogen de las partes verdes de las plantas donde no las hay, es el denominado néctar extra floral. Toda esa cantidad de líquido azucarado sencillamente se evapora si no es recogido, pues existe una continua renovación en su producción, si las condiciones de humedad del ambiente y en la tierra son adecuadas.
Aprovechar esos recursos dio origen a una rama específica de la ganadería que se denomina Apicultura que se define como " Conjunto de conocimientos que tratan del cultivo de las abejas ".
He señalado en primer lugar por considerarlo principal la existencia de floraciones apropiadas en el lugar donde vamos a asentar nuestro colmenar, sea de forma prolongada en el tiempo, cuando se trata de practicar apicultura estante o bien de forma temporal al practicar la trashumancia.
En nuestro caso trabajamos con abejas negras de cepas que han vivido durante muchos años en colmenares estantes con muy pocas posibilidades de hibridación con otras estirpes de sitios alejados, pero puede ser por otro lado lo contrario: estirpes fuertemente hibridadas por realizarse fecundaciones entre colonias llevadas y juntadas temporalmente para aprovechar determinado pasto. En cualquier caso abejas adaptadas a su medio, poblando colonias fuertes, que son las únicas capaces de producir cosechas importantes.
Las colonias se situaran donde encuentren los recursos fácilmente y con abundancia, albergadas en colmenas bien diseñadas, cuidando al máximo las condiciones de vida del interior, conduciendo todo ello a la producción de un sobrante en alguno o varios de los productos que el colmenar proporciona, aunque las cosechas de miel y de polen son en general las de mayor importancia económica por su volumen de cosecha.
Existe una gran diferencia entre las colonias alojadas en huecos naturales o colmenas rústicas y otras que están en colmenas movilistas, en estas el apicultor ejecuta una serie de manejos y utiliza varios elementos materiales que son instrumentos que mejoran las condiciones productivas naturales de las colonias, basándonos en el hecho indiscutible de que las abejas no solo trabajan para procurarse su sostenimiento diario, sino muy al contrario constituyen una reserva para ser utilizada en aquellas épocas donde las condiciones del clima no les permiten salir al campo, tal es su afán de recoger que almacenan muy por encima de sus necesidades de consumo, pero no por ello dejaran de recoger, ni por tener alimento en abundancia consumirán más, lo que tiene como consecuencia última el disponer de un sobrante de lo que son sus necesidades de supervivencia que es la parte que cosechamos.
Se trata de llevar una apicultura activa, que implica exámenes periódicos de las colonias, para detectar posibles deficiencias e intervenir subsanándolas, dar los tratamientos convenientes preventivos de las enfermedades comunes que los necesiten y finalmente cosechar las producciones, todo lo cual equivale en cierto modo a dirigir el colmenar, pero sin apartarnos demasiado de las pautas naturales de comportamiento de las abejas. Diferenciamos esta apicultura de aquella pasiva que solo necesita de simples colmenas construidas con unas tablas clavadas por los cantos, y cuya práctica habitual consiste en recoger los enjambres naturales, los que sirven para reponer las bajas del año anterior y cosechar la miel realizando una corta de panales y liberándola por estrujado, siendo el manejo en ocasiones tan deficiente que para realizar la cosecha se recurre a la asfixia de las colonias.
Aprovechar esos recursos dio origen a una rama específica de la ganadería que se denomina Apicultura que se define como " Conjunto de conocimientos que tratan del cultivo de las abejas ".
He señalado en primer lugar por considerarlo principal la existencia de floraciones apropiadas en el lugar donde vamos a asentar nuestro colmenar, sea de forma prolongada en el tiempo, cuando se trata de practicar apicultura estante o bien de forma temporal al practicar la trashumancia.
En nuestro caso trabajamos con abejas negras de cepas que han vivido durante muchos años en colmenares estantes con muy pocas posibilidades de hibridación con otras estirpes de sitios alejados, pero puede ser por otro lado lo contrario: estirpes fuertemente hibridadas por realizarse fecundaciones entre colonias llevadas y juntadas temporalmente para aprovechar determinado pasto. En cualquier caso abejas adaptadas a su medio, poblando colonias fuertes, que son las únicas capaces de producir cosechas importantes.
Las colonias se situaran donde encuentren los recursos fácilmente y con abundancia, albergadas en colmenas bien diseñadas, cuidando al máximo las condiciones de vida del interior, conduciendo todo ello a la producción de un sobrante en alguno o varios de los productos que el colmenar proporciona, aunque las cosechas de miel y de polen son en general las de mayor importancia económica por su volumen de cosecha.
Existe una gran diferencia entre las colonias alojadas en huecos naturales o colmenas rústicas y otras que están en colmenas movilistas, en estas el apicultor ejecuta una serie de manejos y utiliza varios elementos materiales que son instrumentos que mejoran las condiciones productivas naturales de las colonias, basándonos en el hecho indiscutible de que las abejas no solo trabajan para procurarse su sostenimiento diario, sino muy al contrario constituyen una reserva para ser utilizada en aquellas épocas donde las condiciones del clima no les permiten salir al campo, tal es su afán de recoger que almacenan muy por encima de sus necesidades de consumo, pero no por ello dejaran de recoger, ni por tener alimento en abundancia consumirán más, lo que tiene como consecuencia última el disponer de un sobrante de lo que son sus necesidades de supervivencia que es la parte que cosechamos.
Se trata de llevar una apicultura activa, que implica exámenes periódicos de las colonias, para detectar posibles deficiencias e intervenir subsanándolas, dar los tratamientos convenientes preventivos de las enfermedades comunes que los necesiten y finalmente cosechar las producciones, todo lo cual equivale en cierto modo a dirigir el colmenar, pero sin apartarnos demasiado de las pautas naturales de comportamiento de las abejas. Diferenciamos esta apicultura de aquella pasiva que solo necesita de simples colmenas construidas con unas tablas clavadas por los cantos, y cuya práctica habitual consiste en recoger los enjambres naturales, los que sirven para reponer las bajas del año anterior y cosechar la miel realizando una corta de panales y liberándola por estrujado, siendo el manejo en ocasiones tan deficiente que para realizar la cosecha se recurre a la asfixia de las colonias.
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